Esta es una deliciosa primavera de un año cualquiera. Esto es, un cerro más o menos elevado. Aquello que se ve a lo lejos, parecido a un charco... es un pantano. Y todo ese frondoso verde, son pinares.
¡Ummh! ¡Qué bien huele!
Al subir la cuesta, estaba D. Lagarto tumbado panza arriba sobre una piedra, ¿esperando mi paso?; y... me ha pegado un susto tremendo, grueso y enorme, lleno de escamas y arrugas, que me ha mostrado adrede para ver si me hacía retroceder en la incursión por su territorio. Se ha dejado ver, apenas unos segundos, y luego... muy rápido, muy rápido, se escabulle entre la hojarasca y la ramera. ¡Jú! ¡Como si me temiese o algo!
Luego, esto es el cálido granito de la piedra y esta es mi piel en contacto directo sobre ella. Una ardilla sobre la rama del pino que me proporciona sombra, se me ha mostrado también, saltando de un árbol a otro con absoluta despreocupación.
D. Lagarto me ha debido de olfatear bien, a conciencia y... ha corrido la voz por el cerro. Ningún problema, el humano es tranquilo y parece poco ruidoso. Vendrá a leer aquí arriba o a tomar el sol y nada más.
La planta de mis pies desnudos sobre la arena. Estoy imantando mi organismo a través de la piel e inundando mis pulmones de oxígeno. Y esencias aromáticas me impregnan la linfa por la pituitaria, por demás los deliciosos rayos del sol bañándome el perfil.
¡Ah! ¡Qué bien se está! ¡Nadie, nadie!
Esto es, luego de un rato de quietud y absoluta relajación que... ¡oh, Dios! El suelo parece que estuviese siendo sacudido por una especie de micro-seísmo, vibra, tiembla bajo la planta de los pies. Esto es ¡terror! ¿Qué demonios ocurre? El cielo mantiene su suave color azul y los árboles se muestran firmes. Los pájaros no han detenido su pausada y dulce cantinela. Pero... no es alucinación, el suelo tiembla.
La imaginación vuela.
¿Alguna culebra feroz que tenga el nido próximo? ¿Tal vez una víbora? ¿Alguna otra terrible alimaña? ¿Un cavernario dragón que anduviere algo enfadado por la intromisión de mi presencia? ¿Uno de esos animales de fábula que viniera a mí con alguna queja? ¿Qué? Pronto, pronto, a protegerse. Y es muy rápido, muy rápido que...
Esto es una piedra, y ahora mis plantas desnudas se hallan sobre ella, no ya sobre la arena. Y esto, miedo comedido, pero... miedo.
Y eso son... unos palmos de arena, y un salpicoteo de ella hacia un lado y otro, y una bolita negra que asoma lo primero, y unos bigotillos tiesos vibrando con tanta emoción o tanto miedo como siento yo. Y... debe de ser. La tan terrible fiera... Un Topo, que apenas se deja ver. Asoma, husmea, y se vuelve a esconder en un tris-tras. ¿Confianza? Tal vez como hasta para no haber recibido el aviso de mi presencia en el bosque. ¡Claro, por los subterráneos y eso... las noticias deben de tardar más en ser recibidas! El susto nos lo hemos dado ambos, señor Topo, mi presencia para usted inesperada, su aparición para mí sorprendente.
¡No es nada!, ¡no es nada! tan solo... una maravillosa coincidencia.
Fin